Más de 700 camiones cisterna cargados con gasolina permanecen detenidos desde hace casi un mes en inmediaciones de la refinería de Palmasola, en Santa Cruz, acumulando pérdidas económicas que afectan directamente a las empresas transportistas.
De acuerdo con representantes del sector, los vehículos trasladan alrededor de 20 millones de litros de combustible importado desde Paraguay y Argentina, sin poder descargar. Mientras tanto, los propietarios continúan asumiendo costos operativos como salarios, seguros, viáticos y obligaciones bancarias, pese a que las unidades permanecen inmovilizadas.
Otro factor de preocupación es la merma por evaporación del carburante. Tras varias semanas de espera, podría registrarse una reducción significativa del volumen transportado, lo que —según los cisterneros— podría derivar en sanciones injustas si no se toma en cuenta el tiempo de paralización.
Los transportistas señalan que su labor se limita al traslado del combustible bajo instrucciones de YPFB, entidad responsable de la compra, certificación y destino del producto. Los tanques, además, viajan sellados y no pueden ser abiertos sin autorización.
A la situación se suma la preocupación por las condiciones humanas y de seguridad, ya que muchos conductores llevan semanas viviendo dentro de sus cabinas, expuestos a altas temperaturas y a los riesgos de mantener grandes volúmenes de combustible estacionados por tanto tiempo.
El sector solicita la aplicación de un régimen de “stand by” remunerado para cubrir los días de inmovilización y advierte que, de no cumplirse los compromisos asumidos por las autoridades, no se descartan medidas de presión en los próximos días.








