El prolongado silencio público de Evo Morales comienza a generar creciente inquietud y sospechas. A casi un mes de su última aparición, registrada el 8 de enero, el expresidente sigue sin reaparecer en su programa radial ni en actos públicos, rompiendo una rutina que durante años fue constante.
Desde entonces, Morales desapareció de la escena política visible y se limitó a publicar mensajes esporádicos en redes sociales, evitando cualquier contacto directo con su militancia y con la opinión pública, lo que alimenta versiones sobre su verdadera situación.
En un primer momento, dirigentes del ala evista atribuyeron la ausencia a un supuesto cuadro de dengue. Sin embargo, el paso de los días, sin imágenes ni apariciones que respalden esa versión, dio lugar a especulaciones sobre una eventual salida del país. En medio de la incertidumbre, el exsenador y dirigente cocalero Leonardo Loza afirmó que Morales se encuentra “a buen recaudo” y en “algún rinconcito de nuestra Patria Grande”, una declaración que, lejos de aclarar el panorama, avivó aún más las dudas.
Por su parte, el ministro de Gobierno, Marco Antonio Oviedo, aseguró el 29 de enero que el exmandatario permanece en el Trópico de Cochabamba. No obstante, no existe hasta ahora confirmación pública, registro audiovisual ni anuncio oficial que pruebe su presencia en el país o explique su prolongado alejamiento.
La falta de información clara, las versiones contradictorias y el mutismo del propio Morales mantienen abierto el interrogante sobre su paradero y su rol actual, en un contexto político marcado por tensiones internas y disputas de poder.

